La candidatura a gobernador se resolvió por la vía de la unidad, pero con el reconocimiento a la militancia y valorando la imagen pública de los aspirantes.
Pesaron más éstos atributos que la experiencia en la administración o el tamaño de las ciudades en las que tienen su asiento.
No se asuste, apreciado lector, que no me refiero a Tamaulipas, sino al estado de Chihuahua, donde tuvo que entrar de manera directa la dirigente nacional Beatriz Paredes Rangel a mediar la situación.
Y es que en aquella entidad, donde ya se ha dado la alternancia en el poder, la situación es más complicada para el tricolor que en la nuestra.
Su gobernador, José Reyes Baeza Terrazas, fue rebasado por los grupos políticos regionales, especialmente por los de Ciudad Juárez, zona que pesa mucho más que cualquier otro municipio.
La presión del ex alcalde, ex senador y Diputado Federal Héctor Murguía; del Diputado Alejandro Cano, o del alcalde Juarense José Reyes Freís, impactaron al grado de que dejaron fuera al favorito del gobernador, a Oscar Villalobos.
Por esa tercera vía entró el ex diputado Federal por Parral, la tierra adoptiva de “Pancho Villa”, César Duarte Jáquez, a quien usted debe recordar como Presidente de la Cámara de Diputados de la pasada legislatura federal.
Un hombre que tiene buena trayectoria partidista en las lides del tricolor chihuahuense, pues hace talacha desde 1993 en el Comité Municipal de Parral.
Fue dirigente estatal de la CNC, líder del Congreso del Estado, Diputado Local y Diputado Federal en dos ocasiones (2000-2003 y 2006-2009). Parte de la estructura nacional de la CNC y con buena participación en los sectores productivos de la entidad, como ganadero, transportista, comerciante y participación en sector inmobiliario.
Otro factor que se valora con más fuerza para la decisión en aquella entidad, es que la oposición, en particular el PAN, tiene mayor presencia y es de verdad, no de papel.
Entres los prospectos del albiazul figuran el líder de la bancada panista en el Senado Gustavo Enrique Madero Muñoz, el Diputado Federal Javier Corral Jurado, que fue candidato hace seis años; el ex alcalde de Chihuahua Juan Blanco y el actual alcalde capitalino Carlos Borruel Baquera.
Había pues que echar mano de uno de los cuadros con trayectoria, trabajo amplio en las bases, capacidad probada, que armonice a los grupos políticos tradicionales y pueda dar la pelea a un adversario fuerte.
También hay que considerar que se buscó a un aspirante que no ha tenido un desgaste en la responsabilidad del combate a la inseguridad pública y delincuencia organizada, uno de los problemas que crecieron en forma exorbitante, rebasando a las autoridades municipales de Ciudad Juárez, Chihuahua capital y al propio gobernador.
La resolución que toma el PRI para la sucesión en aquella entidad, es un modelo que puede aplicarse en entidades con escenarios electorales difíciles por competencia electoral e inseguridad, sobre todo en las fronterizas, como Tamaulipas.
Pues aquí, también pesará a la hora de la definición, cuales son las cartas de la oposición. El PRI debe estar preparado para ir con su mejor carta y enfrentar a candidatos de a de veras como Lino Korrodi del PRD o Francisco García Cabeza de Vaca del PAN.
La pregunta obligada: ¿Quién o quiénes de los aspirantes priístas reúnen el perfil de César Duarte Jáquez de Chihuahua, donde se privilegió la militancia e imagen?
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